domingo, 9 de agosto de 2015

Sobre los Límites de Validez de los Sondeos



EMPIRIA. Revista de Metodología de Ciencias Sociales. Número 2, 1999, pp.. 61-72

 Manuel Periañez
IPSHA (Interventios Psychosociologiques et Sciences Humaines Appliqués). París.

Versión traducida, con alguna ligera modificación autorizada por el autor, de la intervención de M. Periañez en las jornadas STE (Societé, Techniques et Environnment) celebradas en mayo de 1996 en Créteil titulada «Limite de validité des sondages en sciences sociales». La versión original se encuentra en http://multimania.com/mpzga. (Traducción de Antonio Vallejos).

RESUMEN.

Los sondeos permiten con frecuencia estudios altamente pertinentes y de calidad, pero numerosos asuntos no pueden ser válidamente explorados por ellos. Obtener 'una instantánea de la opinión pública' es su única ambición, pero, como ya decía Bourdieu en 1973, «la opinión pública no existe».
Una aproximación psicoanalítica a la situación del sondeo nos permite poner en cuestión la identidad del sujeto entrevistado. Las opiniones personales quedan abolidas por la relación hipnótica que se da en la situación de sondeo.
El efecto perverso más evidente que producen los sondeos es el de reemplazar la sociedad real por la constituida por la adicción de todos los 'falsos-yoes' sociales que aceptan con agrado dejarse fotografiar en la calle.
La preexistencia de una opinión consciente socialmente estable define los límites de validez de los sondeos en ciencias sociales.

1. INTRODUCCIÓN.

La controversia, ya vieja, sobre la bondad o la maldad intrínseca en los sondeos debería, sin lugar a duda, estar cerrada después de tanto tiempo si éstos, que permiten con frecuencia estudios pertinentes y de calidad, no llevaran a veces -es necesario confesarlo- a análisis banales e incorrectos, e incluso a análisis voluntariamente deformados. Si el éxito del método le asegura cada vez más un dominio tan vasto como múltiple, a veces parece conducir, en el ámbito de las ciencias sociales, al equivalente de los errores terapéuticos en el ámbito médico: ciertos gobernantes no conocen otra técnica, los institutos de sondeo no rechazan contratos que dan lugar (y bien que lo saben) a errores debidos a la herramienta. Numerosos asuntos, de hecho, no pueden ser válidamente explorados por este método rápido y simple. Los sondeos tienen sus límites de validez, su campo de aplicación óptima... y sus contraindicaciones.
Tomemos un ejemplo de los estudios sobre las molestias debidas al ruido. Cuando se pasa revista a los realizados en Francia en los últimos 20 años, uno encuentra un secreto que les concierne, secreto que ha sido tan bien guardado sólo por lo decisorio que es. Se trata de la alianza del investigador con la demanda política tecnocrática. Aparentemente es simple: las gentes se querellan debido al ruido, ¡hay que hacer algo! Digamos, de entrada, que esta demanda es perfectamente legítima en los casos de «patología acústica»: proximidad de aviones, carreteras, obras, etcétera. Pero estas situaciones, exigen absoluta urgencia, son muy minoritarias en Francia, aún cuando cada vez vayan quedando menos viviendas donde no se oiga un motor: incluso huyendo a lo alto del 'Aiguille du Midi' se oye el diesel de un equipo electrógeno, que, por otra parte, se olvida ante el paisaje. De hecho, el 80% de los asuntos de ruido que llegan a los tribunales conciernen a niveles sonoros medios: es la significación de estos ruidos lo que los hace insoportables. Y eso es subjetivo. Nuestro problema es, por lo tanto, psicológico antes que acústico.
La alianza que mencionamos es la de los investigadores con la ideología dominante sobre el tema del ruido, según la cual el ruido sería malo por naturaleza y constituiría un grave problema para la sociedad. Los sondeos hacen aparecer con cierta regularidad el ruido como ¡«la preocupación número uno de los franceses»! Los políticos prestan atención. Ahora bien, estos sondeos están sesgados, puesto que el ruido posee unas cualidades psico sociológicas específicas que lo hacen altamente inaccesible a este método de cuantificación. Estas cualidades convierten el ámbito del ruido en un cómodo exutorio proyectivo para toda insatisfacción, tanto de origen social, como personal: esta es la genuina capacidad del ruido para facilitar un dócil chivo expiatorio.
Es, por lo tanto, algo elemental al realizar el estudio sociológico sobre el ruido establecer de antemano si la persona que responde a las cuestiones vive personalmente una situación favorable o desfavorable. Porque las personas «que van bien» encajan, de hecho, sin parpadear contextos sonoros declarados inaceptables, tanto en el orden de los decibelios como en el de las significaciones de lo que se oye, por los que van menos bien. El verdadero problema en el estudio sociológico del ruido está pues en distinguir junto a la gente con buena salud según la famosa definición de la OMS (aquellos con una perfecta salud física, psíquica y social...) a los que acaban querellándose -y que, claro está, existen-: no teniendo necesidad de recurrir al ruido como chivo expiatorio, sólo los primeros están en condiciones de escapar parcialmente a la ideología. Ahora bien, los sondeos no se preocupan de la personalidad de las personas interrogadas, ni de su bienestar o malestar actual, puesto que deben hacerse deprisa y cuentan con la ley de los grandes números para nivelar estadísticamente todas esas diferencias. No recogiendo los sondeos datos suficientes para establecer correlaciones necesarias al objeto de estudio, su única ambición ha sido siempre establecer «una instantánea de la opinión pública».
Existen en nuestros días una abundante literatura científica sobre los sondeos. Sólo los problemas de la elección de los individuos destinados a formar parte de una muestra, los de la formulación de las preguntas y su orden de colocación, así como los de la utilización de los resultados de un sondeo son ya por sí mismos bastante complejos.
Un ejemplo, breve pero rotundo, que pone claramente de manifiesto el problema de la inducción de las respuestas por la sola formulación de las preguntas los da Yvonne Bernard (Bernard y Segaud, 1991:13). En 1982 la SOFRES publicó dos sondeos con dos meses de intervalo. En Express la cuestión que aparecía era: «Para usted y su familia, ¿cuáles son las preocupaciones más importantes en el momento actual?». 'La inseguridad' quedaba en último lugar solamente con 6% de respuestas. En Le Parisien, la cuestión había aparecido de manera diferente: «Entre los problemas siguientes, ¿cuáles son los dos que más le preocupan a usted?». A continuación se presenta una serie de problemas como 'el paro', 'la salud'..., apareciendo el último lugar 'la inseguridad', que aquí quedaba a la cabeza, ¡con un 56% de respuestas!.
Otro ejemplo. En un trabajo reciente sobre el tema del ruido para la Dirección de la Construcción (Periañez, 1992), nosotros mismos hemos tenido en cuenta numerosos sondeos aparecidos en la prensa que presentan 'el ruido' como «el problema número uno de los franceses». Ahora bien, estos sondeos proponen a las personas interrogadas, como el segundo citado por Yvonne Bernard, una lista de problemas entre los cuales elegir... en las entrevistas libres donde se ha introducido el tema de «los problemas más importantes en el momento actual», sin inducir nada, 'el ruido' no era mencionado casi en ninguna ocasión, y, si lo era, únicamente en zonas habitadas muy ruidosas objetivamente.
Otra ocasión es que la práctica de la audiometría, es decir, la medida de la audiencia de los diferentes programas de televisión (y de la publicidad que las acompaña) ha dado lugar en muy pocos años a una nivelación por lo bajo (en lo que a calidad se refiere) de todos los programas y a la práctica desaparición de la financiación destinada a producciones de calidad: las subvenciones a la cadena ARTE eran regularmente rebajadas a causa de la audímetro.
La publicación mediática de los sondeos ha transformado a estos en un nuevo y central elemento del juego político.
El sondeo electoral constituye la vitrina, el escaparate de la investigación por sondeo: es ahí donde el método prueba su exactitud relativa, de donde extrae el prestigio de cara a los clientes comerciales, puesto que sólo ahí el sondeo es seguido por el voto real, lo que permite una verificación inmediata. Un margen de error de 3% del muestreo por cuotas, en otras ocasiones parece tan leve, es, sin embargo, muy mal tolerado por la clase política. Los sondeadores franceses utilizan coeficientes de ponderación para las previsiones del voto que se elaboran basándose en las diferencias entre los anteriores sondeos y los resultados electorales reales; estos coeficientes tienen por finalidad distribuir la 'no respuestas' de los sondeos preelectorales, ya que éstos siempre presentan un déficit de respuestas en relación con los votos reales que se producen en las elecciones (llegando así a producir efectos en la inhibición de respuestas políticas de rechazo electoral). Esta práctica supone una estabilidad de las relaciones ideológicas y políticas entre una y otra elección, lo que no siempre es cierto, sobre todo cuando se produce una evolución de la opinión. Se produce, por lo tanto, una paradoja: los sondeos miden y predicen tanto más finamente la opinión ¡cuánto más estable que la ésta al paso de los años!
El problema ético, muy raramente planteado, ya que es confundido con un poema técnico, no es sino el de la pseudo-democracia que la sondeo-manía actual ha acabado por imponer en la conciencia colectiva desplazando a la verdadera (la del voto real de los ciudadanos). El hecho de que un grupo importante escape siempre a los sondeos, el grupo de individuos que los rechazan por principio, hace que la 'colectividad de ciudadanos' se encuentra reducida al segmento social que los acepta, segmento que produce la pretendida «opinión pública». No se trata de personas que responden que «no sabe» a los encuestadores, es decir, no se trata de un grupo de los «indecisos» (que plantea ya un problema interesante: el de la autenticidad de los indecisos frente a los que se adscriben ciegamente a lo convencional de las respuestas pre codificadas), más bien se trata del grupo de personas que se encuentra todavía más allá de esta posición, rechazan toda participación en un sondeo. Así pues, por definición, no se sabe nada sobre las gentes que rechazan los sondeos. Puede ser, y es la apuesta de los sondeadores, que se distribuyen aleatoriamente entre la posición global, pero nada lo prueba, es perfectamente posible el grupo que rechazan los sondeos constituya un grupo socialmente coherente, teniendo importantes variables sociológicas o psicosociológicas en común, lo que hace que una o varias familias dé opiniones tan aceptables como las otras ¡no sean jamás observadas por este instrumento! Hay pues un «agujero negro» en la pretendida opinión pública. En este caso, todos los sondeos son siempre falsos o por lo menos sólo válidos en tanto que «fotografía de la opinión» de, únicamente, los grupos sociales que aceptan los sondeos.... Se considera, después del mayo del 68, que los sondeos daban la palabra a la «mayoría silenciosa», pero ignoraban una minoría todavía más silenciosa.
Pierre Bourdieu, en un brillante texto de 1973 sobre este tema (Bourdieu, 1973), adelantaba en el preámbulo su negativa a condenar los sondeos, porque «pueden ser útiles a las ciencias sociales, a condición de ser tratados de manera rigurosa». Y seguidamente enunciaba tres postulados implícitos en los sondeos:
1). Las encuestas de opinión suponen que todo el mundo puede tener una opinión, que la producción de una opinión está al alcance de todos. Bourdieu rechaza este primer postulado.
2). Se supone que todas las opiniones vienen a ser lo mismo. Por lo tanto, «acumular las opiniones que no tienen de ningún modo la misma fuerza real conduce a una profunda distorsión».
3). En el simple hecho de exponer una misma cuestión a todo el mundo se encuentra implicada la hipótesis de que hay un consenso sobre los temas, un acuerdo sobre las cuestiones que merecen ser planteadas.
Bourdieu se muestra clemente en relación a los reproches técnicos más frecuentemente emitidos contra los sondeos: la constitución de la muestra, la formulación de las preguntas..., puesto que hay algo más importante. La demanda social de los sondeos está ligada a unas problemáticas de compromiso que derivan de preocupaciones políticas: «los problemas que se plantean son problemas que se imponen como problema político», y esto sitúa a los institutos de sondeo lejos de los centros de investigación que construyen sus investigaciones «si no en un cielo puro en todo caso, a cierta distancia de la mirada de la demanda social bajo su forma más directa», lo que hace el sondeo de opinión un instrumento de acción política. «Su función más importante consiste posiblemente en imponer la ilusión de que existe una opinión pública como un conjunto meramente aditivo de opiniones individuales», lo que permite legitimar una política pretendidamente adecuada a esta «opinión pública».
Bourdieu analiza entonces rápidamente las operaciones que permitan alcanzar el efecto de consenso sobre el que reposa esta práctica: la ignorancia deliberada de las no-respuestas (filosofía electoral impuesta a las ciencias humanas); la imposición de la problemática (¿a qué cuestión han querido responder los encuestados?); la competencia política (que varía grosso modo con el nivel de instrucción); «el ethos de clase» (que otros autores prefieren designar como «imaginarios sociales»); el error de interpretación de las respuestas (interpretación política respuestas heterogéneas a las problemáticas planteadas). Bourdieu explica entonces, por una parte, el papel de las opiniones movilizadas, de las opiniones constituidas, de los grupos de presión y, por otra, la opinión en estado implícito o predisposiciones, que, por definición, no son la opinión.
Y concluye que no existe «la opinión en el sentido de la definición social implícitamente admitida por los institutos de sondeo o por los que utilizan los resultados de los sondeos de opinión».

2. APROXIMACIÓN PSICOANALÍTICA A LA SITUACIÓN DE SONDEO.

En los textos de sociólogos, historiadores y filósofos consagrados a los sondeos resuenan por todas partes ecos de psicoanálisis. La problemática de los sondeos que aquí planteamos se esclarece un poco si se toma en cuenta la dimensión del inconsciente. Los autores citados parecen considerar al individuo literalmente como la parte más pequeña de la sociedad (individuo, lo que no es divisible). Lewin postuló en alguna ocasión el individuo era «un átomo social». Esta idea, sin embargo, había nacido ya falsada, puesto que cuando fue enunciada el núcleo del átomo había podido ya, después de mucho tiempo, ser descompuesto en sus elementos constitutivos: ¡el «individuo» de la materia era divisible!
Lo mismo sucedía con el individuo humano, que se había reconocido, en múltiples aspectos, plural. Por una parte, la tripartición freudiana en Yo, Ello y Superyó (luego refinada por los sucesores de Freud en Ideal del Yo, Estados del Yo, «visitadores del Yo» Yo-piel, etc.) viene a sembrar la duda con respecto al interlocutor en diálogo: ¿quién es, de hecho, este cuando responde una pregunta? Una de las numerosas escuelas psicoanalíticas posteriores a la psicosociología norteamericana clásica, la de Eric Berne y el «psicoanálisis transaccional», parte del principio de que los movimientos regresivos y progresivos del Yo en toda interacción humana da lugar a unas coyunturas del Yo deudoras del hecho de que la palabra puede ser tomada por un Yo-niño, un Yo- adulto o un Yo-parental ².
Entonces la cuestión de saber quién responde a un encuestador se complica un poco, y cierta precaución se hace indispensable en el establecimiento de la relación de entrevista para conseguir estabilizar al interlocutor. Particularmente, es indispensable que el encuestador esté suficientemente identificado por el entrevistado (y por tanto esté ya estable él mismo), y lo esté bajo las mismas categorías (cualquiera que os proponga una cuestión puede operar a partir de su Yo Niño, Yo Adulto o Yo Parental, ¡lo que crea nueve situaciones posibles entre dos personas!). El contenido de la pregunta puede ser tomado por la persona interrogada como procedente de su interlocutor (en el estado del Yo previamente localizado entre aquellas tres posibilidades), o como procedente una instancia superior al interlocutor, por relación a la cual el interrogado puede imaginarse que el sondeador mantiene así con él complejas relaciones.
No existe, que nosotros conozcamos, ninguna investigación que apunte a establecer «a quien» cree hablar una persona que se encuentra bruscamente confrontada a una situación de investigación por sondeo, como generalmente sucede (en la calle o por teléfono, al paso o puerta a puerta). La interrupción de toda actividad en curso para participar en un sondeo se parece, desagradablemente según nosotros, al famoso «¡Policía! ¡Sus papeles!» de una interpelación en la vía pública, por la cual la sociedad ejerce su legítimo derecho de control social institucional; y este parentesco va acompañado de repercusiones psíquicas específicas según el tipo de personalidad del interpelado, por no decir de la víctima. Por supuesto, en lo que sigue, la persona se ve tranquilizada: no es más que un sondeo, en donde solamente se le demanda contribuir anónimamente a una fotografía del estado de la opinión pública sobre tal o cual tema... no obstante, la interpelación captativa, del orden del abordaje, provoca un cierto estado mental.

3. HIPNOSIS Y AUTORIDAD.

Algunos autores modernos (Roustang, Chertok, Stengers) cuestionan el psicoanálisis por su origen derivado de la hipnosis (Roustang, 1994). La propuesta de esta línea de investigación, apasionante por lo demás, es la de purificar el psicoanálisis de lo que le queda de abuso hipnótico de los tiempos de Charcot y sus famosas presentaciones enfermas en la Salpetriére, a las cuales asistía un joven Freud, asimismo fascinado. Roustang siguen en sus escritos, a menudo implícitamente, las investigaciones de Ferenczi de los años 20, en las que teoriza la hipnosis inscribiéndola en dos tipos, que llama «hipnosis maternal» (por la seducción, la dulzura, la envoltura) e «hipnosis paternal» (por la autoridad, la brutalidad de tono, la violencia verbal, incluso física). Si ya es difícil escapar enteramente a todo fenómeno hipnótico en los intercambios humanos extremadamente vigilantes, como los que se producen en el curso de la cura psicoanalítica, se observa fácilmente cómo un conjunto variable de estos mismos fenómenos son moneda corriente en la vida cotidiana y como la relación de investigación súbita apunta claramente, en lo relativo a esto, hacía un tipo de hipnosis paternal en la fase de abordaje del entrevistado, fase inmediatamente seguida por una de hipnosis maternal tranquilizante y propicia a establecer un mínimo de cooperación: en este segundo momento, debe uno preocuparse por las condiciones psíquicas a partir de las cuales se conseguirá esta cooperación.
Para acercarnos a nuestro tema, reemplacemos ahora la expresión «investigación súbita» por la de «investigación inopinada». Este sinónimo aparentemente inocente introduce una dimensión importante: la de la abolición de las opiniones personales por la relación de hipnosis contenida en la situación de sondeo. No llegamos a tener ninguna manera de sostener que el entrevistado se encuentra ante el entrevistador como el conejo ante la serpiente..., pero hay, sin lugar a duda, algo de eso. Como mínimo, el entrevistado tendría necesidad, para responder en tanto que sujeto y revelar válidamente una opinión personal, de recobrar el dominio de sí mismo ['reprende ses esprits'], como bien dice el lenguaje corriente. El entrevistador trabaja a destajo, no puede perder el tiempo. No es azaroso que, en asuntos difíciles, el método de entrevista semi-directiva que da más resultado es aquel en que el cuestionario es enviado al futuro entrevistado con unas semanas de adelanto, para que reflexione pausadamente sobre las cuestiones que le serán planteadas.
Yo, personalmente, como ciudadano, siempre he participado en los sondeos que, al cabo de muchos años, el azar ha puesto en mi camino, a la vez por curiosidad, por echar mano al pobre diligente entrevistador y por deformación profesional (o placer malicioso, si se prefiere). Jamás he visto un entrevistador que acepte cuestionar las categorías cerradas para las respuestas, siempre insuficientemente sutiles para tener en cuenta lo que querríamos comunicar. Si uno se resiste, el entrevistador alza el tono: ¡obliga de modo imperioso a elegir una u otra de sus respuestas! Si uno persiste en el trapaceo, acaba por anotar, a nuestra espalda, el caso que el mismo decide como más adecuado al rígido personaje que ha tenido la mala suerte de encontrar (procede entonces, así lo cree, a una «interpretación»...). Esa es la suerte de aquellos que resisten a la hipnosis.

4. IDENTIDAD, HIPNOSIS Y FORMULACIÓN DE OPINIONES.

Pero en los que no resisten, que son los mas ¿no será que el personaje interior habla en ellos sólo por quitarse de encima lo más rápido posible al entrevistador? Convertidos en «inopinados» por la situación de abordaje, aceptan la mayoría de las veces respuestas que no convienen más que a ese 'interfase' social de su personalidad que Winnicot (1964a, 1964b) ha llamado el falso-yo, que, de golpe, se encuentra promovido a ciudadano: el sondeo acaba siendo una votación más que una investigación científica. Ahora bien, si ellos mantienen su verdadero-yo, entonces no responden, y van a engrosar la categoría de los «sin respuesta» (para lo cual hace falta tener coraje: se nos hace sentir que sólo los idiotas quedan sin respuesta). La categoría «sin respuesta» es, de hecho, sin duda la más interesante que producen los sondeos, y la que merece realmente una investigación, tanto como la negación a participar en los sondeos que ya hemos mencionado. El efecto perverso más evidente, y jamás descrito por los institutos de sondeo, y con razón, es, pues, el de reemplazar la sociedad real por la constituida por la adición de todos los falsos-yoes sociales que aceptan con agrado dejarse fotografiar en la calle.
Es aceptable preguntarse si la minoría antiautoritaria, que se revela cuando detecta veleidades de manipulación (y la hipnosis es una de ellas), no constituye un grupo sociológicamente homogéneo, ¡lo que falsearía todas las muestras! Por otra parte, estas personas ¿no son las más conscientes de ser verdaderos ciudadanos? El peso de su opinión ¿no sería considerable comparado con el de las personas que responden ligeramente a un encuestador, como el que participa bajo los efectos de un pase magnético? Brevemente y así de simple: la opinión recogida por sondeo ¿es seria?.
Los sondeadores, si comparamos su actividad con la fotografía, ignoran lo que Barthes ha dicho de ésta en La Cámara lúcida (Barthes, 1980), a saber: el efecto de mortificación que se produce en el sujeto al ser atrapado en la foto, la complaciente pose del sujeto ante el fotógrafo. Para obtener una fotografía que capte la vida del sujeto, es necesario tomarla sin que él lo sepa: éste es el caso de todas las grandes fotos de los Lartigue, Doisneau y los otros grandes de la fotografía popular, que son artistas y no unos técnicos. Barthes escribía que la foto «es co-natural a su referente», lo que traducido de la jerga filosófica la psicoanalítica encaja bastante bien con nuestra idea de una pseudo-realidad que seria el campo de acción del falso-yo vanidoso.

5. IDENTIFICACIÓN CON EL AGRESOR Y SONDEOS DE OPINIÓN.

Otro mecanismo sacado a la luz por ese gran pionero bastante olvidado que fue Ferenczi es el que se refiere a «la identificación con el agresor». Brevemente podemos decir que se trata de una defensa contra el Superyó muy sólido, incluso sádico, que consiste... en apropiarse de sus características, la mayor parte de las veces agravándola además. Así, la hipnosis paternal deviene familiar, conocida desde el interior, y deja de ser angustiante (al modo de la defensa contra-fóbica). Algunas perspectivas fantasmáticas de venganza no son extrañas a esta maniobra magistral (Ferenczi, 1933).
En este registro, la situación sondeador-sondeado alcanza lo cómico: ¿quién va a hipnotizar a quien? El encuestado de personalidad así estructurada será mucho menos interesante para el sujeto que realiza el sondeo que para la confrontación de poder que le ofrece la situación. El confisca la encuesta, toma la actitud que podría tener el jefe de la oficina del encuestador, elige violentamente las respuestas más conformistas que cae por su peso y hace sentir con claridad al encuestador lo inútil de perturbar a las personas para unas perogrulladas miles de veces constatadas. El encuestador, regador-regado, farfulla y se excusa por haberle molestado. Pero la naturaleza artificial de los resultados del sondeo presume otra cosa...

6. DÍEZ ENTREVISTAS CONTRA UN SONDEO

Nosotros recientemente hemos tenido que realizar el contra-informe de un sondeo para el Plan Construction (Periañez, 1995). En este estudio, hemos comenzado por exponer los resultados de dos sondeos SOFRES e IPSOS que han motivado este contra-informe, pues hemos pasado revista a algunos textos de entre los más importantes de los cientos que existen actualmente sobre el tema de los sondeos y que ilustran las diferentes facetas de la discusión científica sobre este tema. A continuación hemos formulado algunas observaciones de orden psicoanalítico, como las expuestas aquí más arriba, antes de efectuar la demostración de las diferencias más destacables entre los resultados obtenidos por sondeo por el método clásico de la entrevista semi-directiva.
El método consiste en volver a pasar el cuestionario del sondeo del IPSOS de 1992, volviendo recoger las respuestas dadas a estas cuestiones para explorar en ellas tranquilamente de modo semi-directivo la manera de reducción de representaciones a la cual ha recurrido la persona «sondeada» con el fin de considerarse en condiciones de proporcionar una «opinión» a la instancia inquisitiva inicial. Un magnetófono recogía, durante el «sondeo», todos los movimientos, vacilaciones y críticas realizadas por la decena de «sondeados» a las respuestas cerradas obligatorias que le son propuestas.
El objetivo no era, pues, verificar las estadísticas de éste sondeo (los «resultados»), sino iluminar los procesos de construcción de la respuesta, es decir, inventariar diversas modalidades de renuncia del sondeado a su visión privada con el fin de expresarse sobre la escena «pública» a través de la elección de las opiniones prestadas que se le han propuesto.
Después hemos confrontado el resultado del sondeo con el que suministra el método cualitativo de la entrevista semi-directiva y hemos procedido a una demostración de las diferencias más destacables entre los resultados obtenidos por sondeo y por el clásico método de la entrevista semi directiva, repitiendo ahí exactamente las cuestiones del sondeo IPSOS, para explorar seguidamente las respuestas dadas por una decena de personas.
Este procedimiento se concreta en la tabla que aparece más abajo, en donde hemos anotado si las respuestas dadas durante la segunda fase semi directiva confirmaban, matizaban significativamente o contradecían totalmente las respuestas dadas durante la fase de sondeo a las cuestiones del IPSOS.
Esto se ha hecho eligiendo como variable de clasificación el grupo de cultura arquitectónica, separando nuestros diez entrevistados en tres grupos (de grande, media y escasa cultura arquitectónica). Después hemos afinado estos resultados y llegado a una oposición clara entre los entrevistados de gran y escasa cultura arquitectónica.
Claramente puede observarse que las opiniones cambian en mayor grado cuando el entrevistado es incompetente en el dominio concernido.


Este resultado nos parece natural para mostrar la inadecuación de los sondeos, no solamente en lo que concierne a la estética arquitectónica, sino igualmente en lo que concierne a las ciencias sociales en su conjunto. Partimos de una hipótesis simplísima: la «cultura arquitectónica» interviene en la opinión sobre la arquitectura. Y por ello elegimos una meta variable que clasifica a nuestros entrevistados en tres clases de «cultura arquitectónica», obteniendo el resultado expuesto en la tabla. Ningún instituto de sondeo opera así, puesto que la construcción de variables intermedias de orden psico sociológico no forma parte de sus preocupaciones.

CONCLUSIONES.

En conclusión, diremos que los límites de validez de los sondeos en ciencias sociales son los de la preexistencia de una opinión consciente socialmente estable.
La única ambición de los sondeos, tantas veces reiterada, es la de constituir una instantánea de la opinión pública. Pero cada vez más los sondeos son aplicados a unas problemáticas sobre las cuales no existe ninguna opinión propiamente dicha. Este es todo el problema. Está claro que los individuos se comunican entre sí a propósito de sus actividades y sus percepciones humanas y sociales, y esta comunicación crea la vida social y política. Ahí las opiniones existen, y puede ser sondeadas. Pero para un inmenso campo de la experiencia humana, esta comunicación este proceso de emergencia y maduración de opiniones no ha tenido jamás lugar. Por esta razón el psicoanálisis ha tenido en este siglo un  consabido éxito. Hace falta sobre todo el talento de escritores, de un Proust o de un Flaubert, para explorar no sólo los matices de tal o cual emoción humana (por ejemplo, ante una obra de arte) sino igualmente las reflexiones humanas aún vacilantes ante nuevos acontecimientos y problemas sociales. Estas reflexiones incipientes no constituyen una opinión, todo lo más, como hemos propuesto aquí, una «opinión privada», que espera ser contrastada de la discusión socializada. Hacer pasar estas opiniones privadas al dominio público por una técnica tan violenta de recogida de datos constituye desde luego un abuso
Como conclusión diremos que los límites de validez de los sondeos de ciencias sociales son los de la preexistencia de una opinión consciente socialmente estable (concerniendo esencialmente al campo político).

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REFERENCIAS

2. Como se dice en el Website de la ITAA (International Transactional Analysis Association):The Ego State Model (PAC Model): An ego state is a set ofrelated behaviors, thoughts, andfeelings, a way in which we manifest a part of our personality at a given time. Transactional analysis portrays three ego states: Adult (behaving. thinking, feeling in response to what is going on around me in the here and now), Parent (behaving, thinking, feeling in ways that are a copy ofone ofmy parents or other parent figures), and Child (behaving, thinking, feeling that I used when I was a child). When we use the ego-state model to understand personality, we are employing structural analysis».

jueves, 2 de julio de 2015

FLORENCE NIGHTINGALE (1820-1910)



El texto que sigue se publicó originalmente en Perspectivas: revista trimestral de educación comparada (París. Unesco: oficina internacional de educación), volumen XXVIII, número uno, marzo 1998, págs. 173 -189

UNESCO: Oficina Internacional de Educación, 2000.
Este documento puede ser reproducido sin cargo siempre que se haga referencia a la fuente.


Alex Attewell ¹

La leyenda.

La fama de heroína romántica de Florence Nightingale oscurece sus méritos como educadora. No obstante, la leyenda de esta mujer también tuvo consecuencias educativas. En efecto, gracias a ella se generalizó la formación de enfermeras, dando así lugar a una nueva profesión para la mujer. Esta leyenda se ha convertido en un capítulo importante de la cultura de la asistencia sanitaria en el mundo entero, pero no ha contribuido a dar a conocer mejor a Florence Nightingale.

Florence Nightingale se hizo célebre curando a los enfermos y a los heridos durante la guerra de Crimea (1854-1856). Concluida esta, pudo haber ocupado un puesto de responsabilidad como enfermera jefe de hospital y supervisora de la formación de enfermeras, pero prefirió retirarse de la vida pública y utilizar su prestigio para apoyar y promover proyectos educativos. Es probable que el hecho de que prefiriese intervenir de modo indirecto, en vez de ocupar un cargo oficial, haya hecho que su influencia fuera aún mayor. Tras la guerra de Crimea, Nightingale escribió unos doscientos libros, informes y opúsculos que tuvieron importantes repercusiones en la sanidad militar, la asistencia social en la India, los hospitales civiles, las estadísticas médicas y la asistencia a los enfermos. Su mayor aportación educativa fue la creación de nuevas instituciones para la formación tanto de médicos militares como el de enfermeras de hospital, pero algunos de sus proyectos educativos menos conocidos están llenos de enseñanzas.

Nightingale ha sido objeto de estudio como reformadora, como estadística, como administradora y como investigadora, pero los estudios sobre su influencia como educadora han sido escasos. La obra que relata sus experiencias en la formación de enfermeras (Baly, 1986) silencia el contexto más general de las ideas educativas de Florence Nightingale para centrarse en los aspectos administrativos, a menudo complicados, de los comienzos de la "Escuela Nightingale" de enfermeras.

No es de extrañar que los diversos aspectos de la educación con los que Florence Nightingale estuvo relacionada estuvieran vinculados por numerosos temas comunes. Hasta los 31 años, ella no tuvo la oportunidad de aprovechar su propia educación y preparación. Florence se sentía impulsada a hacer algún uso práctico de sus conocimientos, por lo que sus primeras cartas, apuntes y opúsculos hacen continuas referencias a los objetivos de la educación y critican la instrucción que recibían las mujeres de su época. Si tenemos en cuenta estos primeros escritos, y su posterior labor como promotora de planes de formación, podemos afirmar que Florence Nightingale fue una gran educadora, aunque no haya sido reconocida tal.

Primeros años.

Florence, que nació en 1820, era la segunda hija de Williams y Frances Nightingale, un matrimonio acomodado adepto de la doctrina unitaria (disidentes de la Iglesia anglicana). Florence creció en una época de intensos cambios sociales, en un entorno de ideas liberales y reformistas. Su abuelo materno, William Smith, fue diputado durante 46 años, gran defensor de los derechos de los disidentes en materia religiosa y militante por la abolición de la trata de esclavos al participar algunos miembros de su familia en la vida política, no es de extrañar que Florence se sintiera profundamente interesada por los grandes problemas de su época.

La educación tanto de Florence como de Parthenope, su hermana mayor, fue supervisada por su padre, que había estudiado en la Universidad de Cambridge. Su programa de estudios comprendía el latín, el griego, la historia, la filosofía, las matemáticas, las lenguas modernas y la música. William Edward Nightingale fue un hombre de ideas progresistas en lo referente a la mejora de la sociedad y en la educación de la mujer, por lo que se ocupó de la educación de sus hijas con una seriedad que por lo general solía reservarse a la educación de los hijos varones. Si Parthenope se interesaba sobre todo por el dibujo, Florence siempre tuvo afición al estudio. Durante los últimos años de su vida prestó una valiosa ayuda a Benjamín Jowett en la traducción de los Diálogos de Platón, lo que muestra la amplitud de su erudición.

Una mujer de la posición social de Florence tenía escasas oportunidades de aplicar en la práctica sus conocimientos. Era todavía una adolescente cuando empezó a sentir un conflicto entre su propia voluntad de acción y los placeres de la animada vida familiar social.

Su "vocación".

A los 17 años, Florence, según recoge en unos apuntes personales, tuvo una experiencia mística ²: sintió su "vocación", una experiencia decisiva que fortaleció su convicción de que no estaba hecho para una vida ordinaria. Entre los 20 y los 30 años, hubo frecuentes conflictos con sus padres que proyectaban el matrimonio para ella, pero logró mantener tenazmente su independencia. No era fácil encontrar una esfera de actividad que permitiera a Florence Nightingale encauzar su talento y sus actitudes. A los 30 años, recordaba su frustración: "siendo ya adulta, lo que más anhelaba era seguir una educación universitaria, adquirir conocimientos; pero ello fue provisional". En 1848 se inauguró el Queen's College, en el que se ofrecía un nuevo tipo de educación superior para la mujer, pero Florence no mostró el menor interés; estaba buscando ya un camino de acción, un modo de aprovechar los conocimientos que ya eran considerables. Escribía por aquel entonces:


Lo primero que recuerdo, y también lo último, es que quería trabajar como enfermera o, al menos, quería trabajar en la enseñanza, pero la enseñanza de los delincuentes más que la de los jóvenes. Sin embargo, yo no había recibido la educación necesaria para ello (Vicinus y Nergaard, 1989, pg. 30).

En 1845, Florence, decidida por cualquier medio a aprender la enfermería en la práctica, había pedido permiso a sus padres para atender a los enfermos en la Clínica Salisbury, cuyo médico era un amigo de la familia. Pero no obtuvo el permiso, y no porque tuvieran algo en particular contra el hospital, sino porque sus padres consideraban que no era un trabajo adecuado para una dama de su posición social. Comentario de Florence sobre este asunto: "para ellos era como si hubiese decidido ser ayudante de cocina". Finalmente, llegó a la amarga conclusión de que sólo la viudez o la pobreza podían dar una ocasión de trabajar a una mujer con educación. Durante este triste período de su vida, recibió cierto estímulo del doctor Samuel Gridley Howe, el americano pionero de la enseñanza para ciegos, quien le aconsejó que perseverarse en su vocación de enfermera a pesar de la consternación de familiares y amigos.

Cuando vivió en 1848 en Londres, Florence tuvo la oportunidad de enseñar durante varios meses a los niños pobres (sus "ladronzuelos") en la Ragged School de Westminster. Esta experiencia le abrió los ojos ante el fenómeno de la pobreza y la certeza de que podía ser útil pero, una vez más, no pudo hacer oídos sordos a los reparos de su familia: "si pudiéramos ser educados -observó Florence- dejando al margen lo que la gente piense o debe pensar, y teniendo en cuenta sólo lo que en principio es bueno o malo, ¡qué diferente sería todo!" (O' Maley, 1931, página. 151).

Un hito decisivo.

En 1849, Florence se embarcó en un viaje cultural por Egipto y Grecia durante el que dedicó algún tiempo a tomar apuntes detallados sobre la situación social y sobre los vestigios arqueológicos. En el viaje de regreso, de paso por Alemania, el grupo visitó Kaiserswerth, cerca de Dusseldorf, lugar en el que el pastor Theodor Fliedner había fundado en 1836 un hospital que era además orfanato y escuela. El personal de la institución estaba formado por "diaconisas" formadas por Fliedner y su esposa Caroline. A los 30 años, "la edad a la que Jesucristo comenzó su misión", Florence volvió a Kaiserswerth para recibir una formación de enfermera, pese a la tenaz oposición de su familia.

Florence demostró ser una alumna capacitada, y al cabo de tres meses de formación el pastor Fliedner le sugirió que publicara un relato sobre la vida en Kaiserswerth destinado a los lectores ingleses (Nightingale, 1851). Florence, por su parte, estaba deseosa de dar a conocer Kaiserswerth como un lugar en el que la mujer podía recibir una educación útil. El opúsculo, publicado anónimamente comienza con una crítica a la educación que se impartía entonces a las mujeres:


[...] aunque desde el punto de vista intelectual se ha dado un paso adelante, desde el punto de vista práctico no se ha progresado. La mujer está en desequilibrio. Su educación para la acción no va al mismo ritmo de su enriquecimiento intelectual (ibid., pg. 3).


Este tema ya lo había desarrollado en 1846, en una carta a su padre, con respecto a la educación en general; y lo que llama la atención es que Florence no veía entonces ningún sistema sencillo para corregir la desigualdad entre la teoría y la práctica. Su idea era: "hay que realizar ensayos, hay que emprender esfuerzos; algunos cuerpos tienen que caer en la brecha para que otros pasen sobre ellos..." (Vicinus y Nergaard, 1989, pág. 30). No hay que olvidar este comentario al examinar los orígenes de la Escuela Nightingale 14 años después.

Florence Nightingale no encontró una aplicación inmediata a su recién adquirida formación, por lo que a su regreso de kaiserwerth, en 1851, redactó un borrador de lo que yo denomino su "religión para artesanos". Eran consideraciones filosóficas que publicó más tarde en tres volúmenes, en una edición privada, con el título Suggestions for thought for searchers after religious truth (Nightingale, 1860b).

En un capítulo de carácter semi autobiográfico titulado "Cassandra", que es texto clave para entender la historia de la mujer del siglo XIX, lanzó un apasionado llamamiento a un nuevo tipo de educación: "Las mujeres anhelan una educación que les enseñe a enseñar, que les enseñe las reglas de la mente humana y cómo aplicarlas..." (Nightingale, 1860b, página. 391). Como era característico en ella, tras haber expresado su idealismo, proseguía con su pragmatismo: "y sabiendo, en la situación actual, lo imperfecta que puede ser tal educación, anhelan una experiencia, pero una experiencia aplicada y sistematizada".

En 1851 y 1854, Nightingale completo la instrucción práctica que había adquirido en Kaiserswerth visitando hospitales en Gran Bretaña y de Europa, y recogiendo información. Sistematizó todas las experiencias analizando informes de hospitales y publicaciones oficiales sobre la sanidad pública.

Cuando en 1853 visitó el Hospital Lariboisiere en París, quedó favorablemente impresionada por sus salas, construidas a modo de pabellones. Estas salas estaban especialmente diseñadas para recibir la luz y el aire fresco, al tiempo que permitían que los "efluvios malignos" o "miasmas" pudieran disiparse entre los largos y estrechos bloques. Su estudio sobre la disminución de la mortalidad en Lariboisiere contribuyó a confirmar la denominada "teoría de las miasmas", que sostenía que la enfermedad surgía espontáneamente en los espacios sucios y cerrados. Esta había sido la base para el desarrollo de la sanidad pública en el Reino Unido a partir de 1830, con medidas tales como la construcción de alcantarillas y el suministro de agua pura a las ciudades. Entre los que se ocupaban de sanidad pública, los llamados "reformadores de la sanidad", había pocos médicos; muchos eran ingenieros civiles y Edwin Chadwick, principal encargado de la sanidad en aquella época, trabajaba en una compañía de seguros. En 1858, Louis Pasteur descubrió los "gérmenes" y probó que la enfermedad no aparecía espontáneamente. Esto sirvió de base a algunos científicos médicos para atacar los proyectos de los reformadores sanitarios; pero aunque las premisas de éstos fuesen erróneas, puede afirmarse que sus conclusiones eran correctas y que sus reformas eran válidas.

El interés de Florence Nightingale por la higiene durante la guerra de Crimea, así como la importancia que dio al papel de la enfermera en la organización del entorno, se deben en gran medida a su forma de entender las causas de la enfermedad. Se distingue de los partidarios de la "teoría de las miasmas" de su tiempo por la conexión tan personal que establece entre sus ideas científicas y religiosas. Para Florence, Dios había creado la enfermedad de las miasmas para que el hombre pudiera conocer sus causas a través de la observación y prevenir así su reaparición mediante la organización del entorno. Creía por consiguiente, en las enfermeras, al encargarse de la higiene tenían la oportunidad única de progresar espiritualmente, para descubrir la naturaleza de Dios mediante el aprendizaje de sus "leyes de la salud" (Nightingale, 1873). Florence Nightingale consideraba que nunca se le había enseñado nada sobre la naturaleza de la enfermedad, ni siquiera en kaiserswerth, sino que había aprendido a través de la experiencia, la observación y la reflexión, de modo que, cuando fue llamada a organizar la formación de enfermeras, intentó reproducir las condiciones en las que ella había aprendido la realidad evidente de la enfermedad.

Florence Nightingale sólo obtuvo su primer empleo en agosto de 1853; era un puesto que por fin le daba la oportunidad de aplicar sus conocimientos y su formación. Fue nombrada directora de un sanatorio para señoras de la alta sociedad, que se encontraba en Upper Harley Street, n° 1, en el West End de Londres, donde permaneció hasta el estallido de la guerra de Crimea. Demostró ser una excelente gerente y, aunque en el trabajo diario tanto ella como sus enfermeras se atenían sin discusión a las indicaciones de los médicos, todo lo referente al tratamiento y en sus relaciones con el comité de dirección impugnaba las decisiones y a veces hasta hacía caso omiso de ellas en interés del paciente.

La guerra de Crimea.

En 1854, Florence Nightingale está buscando nuevas oportunidades de demostrar sus aptitudes, por ejemplo en tanto que enfermera jefe de algún hospital de Londres, cuando estalló la guerra de Crimea.

La organización de los hospitales británicos durante la guerra no era probablemente más deficiente que la última vez en que fue puesta a prueba, 40 años antes, durante las guerras napoleónicas. No obstante, durante la guerra de Crimea la sociedad tenía mayores expectativas y la población estaba mejor informada del desarrollo de los acontecimientos gracias a las noticias del frente que enviaban los corresponsales de prensa. La preocupación por el bienestar de los soldados que se manifestó como una oleada en la opinión pública permitió al Secretario de Estado para la Guerra, Sidney Herbert, tomar una medida radical. La designación de Florence Nightingale para dirigir a un grupo de enfermeras no tenía precedente alguno. Ninguna mujer había ocupado antes un puesto oficial en el ejército y su nombramiento podría tener resultados interesantes, ya que se trataba de una enfermera experimentada, muy inteligente, pero nada dispuesta a aceptar órdenes de una jerarquía cerril.

Florence entendió inmediatamente cuál era la situación en Escutari, donde se encontraba el principal hospital británico. Como no deseaba ganarse la antipatía de los médicos, lo que habría dificultado las posibles reformas, sus primeras medidas fueron someter a sus enfermeras a la autoridad de los médicos e instalar una lavandería en el hospital. En tan sólo un mes ya había conseguido mejoras en el mantenimiento de las salas, había obtenido ropa de cama y prendas nuevas para los soldados y había mejorado las comidas del hospital.

Además de supervisar la asistencia a los pacientes, escribió cartas en nombre de los soldados, organizó un sistema para enviar dinero a sus familias y proporcionó juegos y cuartos de lectura a los convalecientes. Se enfrentó tanto con las autoridades militares como con el servicio de intendencia y no dejó ni un momento de descanso al director de los servicios médicos militares. El creciente interés del público por sus iniciativas dio a su opinión una fuerza de la que no disponían los reformadores en las filas del ejército. Muchas de las recomendaciones de la directora de enfermeras al Secretario de Estado para la Guerra se convirtieron rápidamente en nuevos reglamentos militares.

Si su genio administrativo la hizo ganarse el respeto de la reina Victoria y de muchos de los miembros del gobierno, lo que suscitó el cariño del pueblo británico fue la atención y cuidado que dedicó personalmente a los soldados enfermos y heridos. Se dice que cada noche recorría los 6 km de pasillos del hospital y un soldado agradecido recordaba cómo besaba la sombra de la "dama del candil" cuando ésta pasaba por su lado. Florence Nightingale se convirtió en un símbolo de esperanza en una campaña militar que, por lo demás, fue desastrosa.

En noviembre de 1855, en el momento en que la popularidad que ganó Florence durante la guerra de Crimea había llegado a su apogeo, un grupo de seguidores suyos organizaron una reunión pública en Londres con el fin de reunir fondos para que, a su regreso a Inglaterra, pudiera llevar a cabo la reforma de los hospitales civiles mediante la creación de una escuela modelo de enfermeras y auxiliares de hospital. El Fondo Nightingale nació con muy poca colaboración de aquella cuyo nombre había adoptado; ésta, por aquellas fechas, se hallaba inmersa en los problemas de la guerra. No le prestó atención hasta 1860, e incluso entonces tuvo que afrontar otros problemas apremiantes.

Cuando volvió a Inglaterra, Florence se indignó al comprobar que las autoridades no parecían dispuestas a investigar demasiado sobre la desastrosa organización que había causado en Crimea 16.000 muertos por enfermedad frente a 4.000 muertos en el campo de batalla. Inmediatamente montó una campaña para la creación de una comisión investigadora, y el asunto no concluyó hasta 1860.

Según el biógrafo crítico Lytton Strachey, "Escutari le había proporcionado conocimientos, pero también le había dado poder: su inmensa reputación la  sostenía; era una fuerza incalculable" (1918). En realidad, el "poder" de Nightingale era algo más útil que lo que parecía dar a entender Strachey, pero aún así era irresistible.

La educación en el ejército.

Florence Nightingale utilizó su influencia para abogar en favor de la educación de los soldados británicos y de los médicos militares. A pesar de que las órdenes que recibió antes de ir a Crimea limitaban sus competencias, en el momento más crítico de la guerra Florence había señalado la falta de experiencia práctica de muchos de los jóvenes cirujanos y había propuesto que recibieran lecciones sobre patología y cuestiones afines sin esperar a que acabara el conflicto. De hecho, y como resultado de su sugerencia, se instaló durante algún tiempo un laboratorio de patología en Escutari. Su interés por la instrucción práctica en medicina iba a ser luego compartida por la Comisión Real sobre sanidad en el Ejército Británico, que hizo de esa instrucción una de sus cuatro áreas de estudio.

Florence Nightingale contribuyó de modo decisivo a la creación de la Comisión Real en 1857. Con Sidney Herbert como presidente de la misma y con una mayoría de partidarios en la junta, Florence se dedicó a ordenar sus pruebas sobre la mala administración de los hospitales y a reunir estadísticas de mortalidad. (La elección en 1860 de Florence como primera mujer miembro de la Royal Statistical Society se basó esencialmente en la calidad de sus estadísticas sobre Crimea).

Florence Nightingale elaboró planes para la educación médica militar en sus "Notas sobre cuestiones relativas a la sanidad, la eficacia y la administración de los hospitales en el Ejército Británico", publicadas en 1858 en una edición privada. El objetivo de la formación estaba claramente basado en las lecciones aprendidas en la reciente guerra:


[...] sea cual sea el grado de información científica de que disponen los estudiantes al entrar en el ejército, poco o nada puede deducirse de ello en lo tocante a sus conocimientos prácticos. Pero como ingresar en el ejército significa para ellos, automáticamente, enfrentarse con la práctica, y en un corto espacio de tiempo tienen pacientes a su cargo, parece necesaria la existencia de una escuela donde el alumno pueda adquirir un conocimiento práctico entre su ingreso en el ejército y el momento en que se incorpore a su regimiento (Nightingale, 1858, pág. 43).


Propuestas presentadas de modo tan convincente que fueron puestas en práctica por médicos y cirujanos experimentados, veterano de la campaña de Crimea. En 1860 se creó la primera Escuela de Medicina Militar del Reino Unido en Fort Pitt, (Chatham).

Su interés por la educación en el ejército abarcaba desde la información de los médicos hasta la enseñanza las tropas. Un artículo de reciente publicación sobre este aspecto poco conocido de la labor de Florence Nightingale (Calabria, 1994) ha mostrado que tenía ideas más bien avanzadas para su época, ya que ella pensaba que podía educarse de algún modo al soldado raso. Si bien, como muchos de sus contemporáneos, era consciente de los efectos debilitantes que tanto el alcohol como la prostitución tenían en el ejército, Florence se distinguía de ellos porque creía que la condición del soldado era achacable al entorno más que a su propia naturaleza.


Nunca he podido compartir -escribía- el prejuicio sobre la indolencia, la sensualidad y la ineptitud del soldado. Al contrario, creo [...] que nunca he conocido a una gente tan receptiva y atenta como el del ejército. Si se les ofrece la oportunidad de enviar dinero a casa de manera rápida y segura [...] lo harán. Si se les ofrece una escuela, asistirán a clase. Si se les ofrece un libro, juego y una linterna mágica, dejarán de beber (Goldie, 1987,pág 21).


El éxito de las salas de lectura de Escutari alentó a Florence Nightingale después de la guerra a promover, con cierto éxito, la creación de salas similares en cuarteles más grandes.

La experiencia de Crimea brindó a Florence la oportunidad de poner a prueba sus ideas; de ahí que, después de la guerra, se sintiera obligada a publicar sus conclusiones (Nightingale, 1858a, 1858b, 1859). Sabía que había que aprovechar inmediatamente la posibilidad de sacar lecciones de la guerra: "No podemos repetirlo, como si fuese un experimento químico. Debe ser presentado como un ejemplo histórico" (McDonald, 1993). Así como las reformas suscitadas por la guerra de Crimea requerían una atención inmediata, las reformas en la asistencia a los enfermos no precisaban de tanta urgencia. Así, Florence Nightingale sólo volvió a consagrarse a la formación de enfermeras en 1869, cuatro años después la guerra de Crimea, actividad a la que su nombre siempre ha estado estrechamente unido.

La formación de las enfermeras.

La idea de formar enfermeras no era totalmente nueva en la Gran Bretaña de mediados del siglo XIX. Ya antes de la guerra de Crimea habían comenzado a resurgir las asociaciones de enfermeras, que agrupaban a numerosas mujeres competentes y moralmente intachables, en contraposición al estereotipo de enfermera borracha e ignorante creado por Charles Dickens. Durante los decenios de 1830-1840 y 1840-1850, y gracias a las nuevas libertades religiosas, se habían creado en Gran Bretaña numerosos centros como St John´s House, una hermandad anglicana creada en 1848, que en tres meses formaba a mujeres para cuidar a los enfermos pobres en sus propios hogares. Seis enfermeras de la St. John´s House acompañaron a Florence Nightingale a Crimea. Y, sin embargo, y a pesar de la amistad que entabló, Mary Jones, directora de la hermandad, como con la reverenda madre Clare Moore, superiora del Convento de la Merced de Bermondsey, del que procedían algunas de las enfermeras de Crimea, Florence insistió en instaurar una formación laica de las enfermeras. A medida que maduraba su idea, era consciente de la resistencia que podía suscitar. Durante la guerra de Crimea, el rumor aparecido en la prensa de que algunas enfermeras habían intentado convertir a soldados en sus lechos de muerte había estado a punto de dar al traste con su misión. El temor de este tipo de controversias fue probablemente un factor de peso que hizo que Florence Nightingale se inclinara por la formación laica de las enfermeras.

En los hospitales, algunos habían empezado ya a protestar ruidosamente contra las nuevas enfermeras. En 1856, John Flint South, cirujano en el hospital de St Thomas de Londres, declaró que en su opinión una enfermera no necesitaba más formación que una criada. A pesar de todo, Florence y el Fondo Nightingale comenzaron a negociar en 1859 la creación de un centro de formación de enfermeras en el hospital St Thomas. La oposición de ciertos sectores de la profesión médica era inevitable.

Como decía más arriba, Florence Nightingale prefería intervenir de modo indirecto a tomar directamente decisiones, pero en lo que respecta a la Escuela Nightingale otros motivos pueden haberla llevado a permanecer en un segundo plano. La enfermedad que la había venido aquejando desde la guerra de Crimea limitaba su actividad, por lo que parecía lógico que delegase las funciones de dirección de la escuela, con su enorme volumen de trabajo, a alguna enérgica jefa de enfermeras. Aunque hubiera gozado de buena salud probablemente nunca se hubiera dedicado a la enseñanza. De su correspondencia privada se desprende que no estimaba ser una buena profesora de mujeres. En diciembre de 1861 escribió a Mary Mohl no sin cierta exageración:


Mis teorías no han suscitado interés entre las mujeres. Las que fueron conmigo a Crimea no aprendieron nada de mí, y ninguna [...] ha sacado las lecciones de la guerra (Vicinus y Negaard, 1989, página 230).


Le parecía también evidente que los mejores profesores eran los que practicaban realmente su oficio:

La autora de estas líneas, que conoce tal vez mejor que ninguna otra persona en Europa lo que podríamos llamar el trabajo de enfermera de hospital, es decir, la labor práctica de la enfermera, cree sinceramente que es algo imposible de aprender en los libros y que sólo se puede aprender a fondo en las salas de un hospital; también cree que para aprender a administrar cuidados médicos en cirugía, la mejor escuela de Europa es observar a una "monja" de cualquier hospital de Londres (Nightingale, 1860a).

Aunque Florence Nightingale consideraba que los libros de texto eran inapropiados para enseñar en qué consistía el "quehacer" de la enfermera, admitía que los libros podían ser útiles para familiarizarse con el entorno administrativo o sanitario de la labor de la enfermera. Su insistencia en que, para facilitar el estudio y la reflexión, cada alumna enfermera debía tener su propia habitación en el Hogar Nightingale muestra que no sólo le preocupaba el aspecto práctico de la formación.

En sus primeros años, la Escuela Nightingale tenía las siguientes características:

-la escuela es independiente, pero estaba vinculada a un hospital;
-las alumnas dependían únicamente de la enfermera jefe;
-la escuela proporciona un hogar a las alumnas;
-la instrucción de las alumnas corría a cargo de miembros del hospital (monjas y médicos);
-la evaluación de las alumnas corría a cargo de las monjas y de la enfermera jefe;
-las alumnas recibían un salario mínimo durante su formación;
-el contrato de alumna enfermera estipulaba esta debía aceptar, tras su formación, un puesto en algún hospital elegido por el Fondo Nightingale, cuya política consistía en enviar grupos de enfermeras para difundir el sistema Nightingale de formación en los hospitales.

La nueva labor de Florence Nightingale entrañaba no pocas dificultades. El sistema dependía de monjas que carecían de formación; los médicos, como era de prever, no entendían que las enfermeras necesitaran de formación específica; la enfermera jefe, Sarah Wardroper, responsable de las enfermeras en el hospital, utilizaba a las alumnas como personal suplementario. En definitiva, no resultaba fácil encontrar alumnas con las cualidades requeridas.

Según Mónica Baly, historiadora del Fondo Nightingale:

El candil de Nightingale no dio luz inmediatamente; la reforma llegó de manera lenta y penosa, de forma que lo que se conoció como el sistema Nightingale no fue el proyecto ideal imaginado por Florence Nightingale, sino un experimento pragmático derivado de un compromiso forzoso (Baly, 1986, página 230).

La afirmación de la doctora Baly es sin duda acertada: la escuela no progresó de manera tan regular como sugirieron los primeros historiadores, y la primera década fue especialmente difícil. Ahora bien, el dispositivo que empezó a emerger durante los años siguientes mejoró considerablemente, sobre todo gracias a una serie de iniciativas tomadas por la propia Florence Nightingale en los años posteriores a 1870. En realidad, no hay muchas razones para creer que la formación de enfermeras fuera para ella algo más que un experimento. Su amarga experiencia con la Comisión Real sobre la sanidad en el ejército le había enseñado que las reformas no se conseguían de golpe. Desde 1872 hasta que sus fuerzas empezaron a flaquear, siguió de cerca el desarrollo de la escuela y los progresos de muchas alumnas a las que enviaba anualmente un documento impreso lleno de consejos prácticos y morales.

Otro punto que conviene tener en cuenta a la hora de valorar el éxito de la Escuela Nightingale es que, a pesar de sus comienzos difíciles, su crédito llegó a ser enorme, en parte porque Nightingale seguía siendo una leyenda, pero también gracias al duro trabajo realizado. Henry Bonham-Carter, primo de Florence Nightingale y secretario del Fondo Nightingale de 1861 a 1914, contribuyó con su dedicación a que se reconocieran los resultados de la Escuela Nightingale. En 1887, año en que se jubiló de su puesto de dirección la Sra. Wardroper, Bonham-Carter tuvo la satisfacción de anunciar que 42 hospitales contaban con enfermeras jefes formadas en la Escuela Nightingale, en la que un total de 520 enfermeras habían completado su instrucción. Los éxitos del escuela facilitaron la incorporación de alumnas mejor capacitadas, por lo que "enfermeras Nightingale" cada vez mejor preparadas comenzaron a crear sus propias escuela de enfermeras.

Las primeras emigraciones de "enfermeras Nightingale" a Austria, Canadá, India, Finlandia, Alemania, Suecia y Estados Unidos permitieron la creación de una red internacional de escuelas que aplicaban el sistema Nightingale. A medida que el oficio de enfermeras se convertía en todo el mundo en una ocupación digna para la mujer, el "candil" de Florence Nightingale pasó a ser el emblema de la profesión, simbolizando, por un lado, la esperanza trasmitida a los heridos en Crimea y, por otro, la cultura y el estudio. Cuando, en 1934, se creó la Florence Nightingale Internacional Foundation con el objeto de perpetuar dignamente el legado activo de Florence Nightingale, su emblema fue, naturalmente, un "candil".

Las teorías de Florence Nightingale.

Si hubo un momento en que pudo decirse que del candil de Florence Nightingale venía efectivamente la luz, fue en 1882, año en que escribió dos artículos para el Quain´s dictionary of medicine titulados "formación de las enfermeras" y "cómo cuidar al enfermo". En el primero presentó por primera vez los requisitos que debían cumplir una escuela ideal de enfermeras, a partir experiencia de la Escuela Nightingale. Una de las condiciones básicas de la presencia de "monjas residentes". Su papel consistía en consolidar la instrucción recibida en las salas y en evaluar el progreso moral de las alumnas. De hecho, era la primera profesora de enfermeras especializada. Resulta sorprendente que en 1860 Florence Nightingale hubiera concebido la formación de enfermeras sin esta función y que hubiera estimado suficiente la intervención de la enfermera jefe, de las monjas y de los médicos.

Nightingale expuso también una teoría sobre el aprendizaje en el que hacía hincapié en la adquisición de las destrezas prácticas:

La observación indica cómo está el paciente; la reflexión indica que hay que hacer; la destreza práctica indica cómo hay que hacerlo. La formación y la experiencia son necesarias para saber cómo observar y qué observa; cómo pensar qué piensa (Nightingale, 1882).

Florence Nightingale consideraba que, una vez que la enfermera había "aprendido a aprender", el proceso de formación debía continuar más allá de la escuela. Sus ideas al respecto eran asombrosamente vanguardistas: "hoy en día, cada cinco o diez años [...] se necesita una segunda formación" (Seymer, 1954, página 333). No es de extrañar que durante sus últimos años Florence Nightingale criticara la profesionalización de las enfermeras en su opinión, la inscripción de un registro profesional pondría punto final a la formación, llevaría a la presunción y en definitiva no sería más que una reproducción de la trayectoria profesional que habían seguido los médicos. Florence destacaba lo que de específico tenía la actividad de la enfermera y la responsabilidad personal de ésta en el bienestar del paciente. A su entender, era más fácil conseguir el bienestar si la enfermera entendía su trabajo como una llamada interior o una vocación, más que como una profesión. Tal vez era inevitable, pero finalmente sus razonamientos fueron desoídos.

Promotora de la educación.

La educación forma parte de cada una de las parcelas de la vida de Florence Nightingale. En todas ellas, el nexo común era su preocupación porque los métodos educativos fuesen prácticos y reflejasen los objetivos de dicha educación.

Se interesó profundamente por la primaria local cercana a su casa familiar, en el condado de Derbyshire. Aunque proporcionó libros en la biblioteca de la escuela, estaba interesada en otros métodos de enseñanza. Como la geología del condado de Derbyshire era muy rica, recomendó la utilización en las aulas de muestras minerales como material didáctico. Éste sistema tenía poco que ver con los aburridísimos métodos de Mister Gradgrind, la caricatura del maestro victoriano que describió Charles Dickens.

Su interés por las escuelas se extendió las colonias británicas. Le interesaban especialmente los efectos de la escolarización en la salud de los niños. En 1863, con el patrocinio del duque de Newcastle, dirigió un estudio estadístico en 143 escuelas coloniales de Austria, Canadá, Sudáfrica y Ceylán (el actual Sri Lanka). Temía que los métodos educativos europeos no estuvieran adaptados a la educación de las poblaciones indígenas. En su correspondencia con el Sir George Grey, gobernador de Nueva Zelandia, explicaba:

Mantener durante gran parte del día a unos cuantos niños en un aula, llenándoles la cabeza de fórmulas e intentando despertar su interés, [sería] desastroso para una raza no acostumbrada a ese tratamiento. Ocasionaría problemas de salud, escrófula y tuberculosis en los niños. De hecho, sería condenarlos a una muerte lenta (Keith, 1995).

Según Jocelyn keith, este consejo fue ignorado por completo.

En los últimos años del decenio 1860-1870, Nightingale centró su atención en el tema de la educación en los asilos de pobres. Su crítica mordaz al régimen terrible a que estaban sometidos los pobres allí alojados fue unánimemente aplaudida. El fondo de su argumentación era que no había que castigar a los pobres, sino enseñarles a que se valieran por sí mismos, y que era por tanto importante impartirles un adiestramiento práctico que les permitiera adquirir destrezas manuales. Estaba convencida de que había que sacar a los niños del ambiente de los asilos para que pudieran educarse en las escuelas industriales de reciente creación.

Su vieja amistad con el doctor Benjamín Jowett, director del Balliol College de la Universidad de Oxford, hizo que se interesara por la educación universitaria. En 1870-1880, Florence había apoyado la idea de crear una medalla al mérito por los trabajos estadísticos de Adolphe Quetelet, fundador de la estadística moderna. A principios del decenio de los noventa, Jowett reavivó su deseo de fomentar la estadista y la puso en contacto con el profesor Francis Galton, el conocido matemático. Juntos concibieron el proyecto de creación de una nueva cátedra de Estadística en Oxford. En una carta dirigida a Galton, con fecha del 7 febrero 1891, Florence Nightingale propuso que en dicha cátedra se estudiara la importancia de la estadística para disciplinas como la educación, la criminología, los asilos y la India. Sus propuestas no prosperaron, y los historiadores no han podido encontrar las causas de tal fracaso. Conviene resaltar que los medios universitarios de la época por lo general no compartían el interés de Florence Nightingale por la aplicación de la estadística a los problemas sociales. Karl Pearson, el padre de la estadística aplicada moderna, reconoció el interés de las ideas de Florence Nightingale, de modo que su contribución no fue del todo inútil.

Conclusión.

En uno de sus trabajos, Florence Nightingale citó una frase de una conferencia sobre educación en las universidades de St. Andrew y de Glasgow que resumía perfectamente su propio punto de vista: "[...] educar no es enseñar al hombre a saber, sino a hacer" (Nightingale, 1873, página 576). Parece justo juzgar la contribución de Florence Nightingale a la educación teniendo en cuenta los resultados concretos de sus reformas. Estas líneas que le fueron escritas por Benjamín Jowett hubieran podido servir de epitafio:

Usted despertó sentimientos románticos en muchas personas hace 23 años, de regreso de Crimea [...] pero ahora trabaja en silencio y nadie sabe cuántas vidas salvan sus enfermeras en los hospitales, ni cuantos miles de soldados [...] están vivos gracias a su previsión y a su diligencia, ni cuantos indios de esta generación y de las generaciones venideras habrán sido preservados del hambre y de la opresión gracias a la energía de una dama enferma que apenas puede levantarse de la cama. El mundo lo ignora y no piensa en ello. Pero yo lo sé y a menudo pienso en ello (31 diciembre 1879 ).

Notas.

  1. Alex Attewell (Reino Unido). Tras ocupar el cargo de conservador adjunto de un museo de historia de los hospitales del oeste de Inglaterra, en 1989 comenzó a trabajar en el museo Florence Nightingale de Londres. En 1993 fue elegido miembro de la Asociación de Museos y en 1994 fue nombrado director del museo Florence Nightingale. Pronuncia frecuentemente conferencias, participa en programas de radio y organiza exposiciones temporales en el área de su especialización.Correo electrónico: a.attewel@florence-nightingale.co.uk
  2. Fue la primera de cuatro experiencias de ese tipo que Florence recogió en su diario.

Referencias

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Nightingale, F. 1851. The institution of Kaiserwerth on the Rhine, for the practical training of deaconesses, under the direction of the Rev. Pastor Fliedner,. embracing the support and care of a hospital, infant and industrial schools, and a female penitentiary [La institución de Kaiserswerth del Rin, para la formación práctica de las diaconesas, bajo la dirección del pastor Fliedner, incluido el apoyo y el cuidado de un hospital, de escuelas para niños y de aprendizaje, y de un penitenciario de mujeres]. Londres, Colonial Ragged Training School. 32 págs.
——. 1858. Subsidiary notes as to the introduction of female nursing into military hospitals in peace and in war. Presented by request to the Secretary of State for War [Notas subsidiarias sobre la introducción de la enfermería femenina en los hospitales militares, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra]. Londres, Harrison & Sons. 133 págs.
——. 1858. Notes on matters affecting the health efficiency and hospital administration of the British Army founded chiefly on the experience of the late war. Presented by request to the Secretary of State for War [Notas sobre las cuestiones relativas a la eficacia del hospital y de la administración del ejército británico, basadas principalmente en la experiencia adquirida en la última guerra. Presentadas a petición del Secretario de Estado para la Guerra]. Londres, Harrison & Sons, 567 págs.
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Obras de Florence Nightingale

1851. The institution of Kaiserwerth on the Rhine, for the practical training of deaconesses, under the direction of the Rev. Pastor Fliedner, embracing the support and care of a hospital, infant and industrial schools, and a female penitentiary [La institución de Kaiserswerth del Rin, para la formación práctica de las diaconesas, bajo la dirección del pastor Fliedner, incluido el apoyo y el cuidado de un hospital, de escuelas para niños y de aprendizaje, y de un penitenciario de mujeres]. Londres, Colonial Ragged Training School. 32 págs.
1858a. Notes on matters affecting the health efficiency and hospital administration of the British Army founded chiefly on the experience of the late war. Presented by request to the Secretary of State for War [Notas sobre las cuestiones relativas a la eficacia del hospital y de la administración del ejército británico, 12 basadas principalmente en la experiencia adquirida en la última guerra. Presentadas a petición del Secretario de Estado para la Guerra]. Londres, Harrison & Sons, 567 págs.
1858b. Subsidiary notes as to the introduction of female nursing into military hospitals in peace and in war. Presented by request to the Secretary of State for War [Notas subsidiarias sobre la introducción de la enfermería femenina en los hospitales militares, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra. Presentadas a petición del Secretario de Estado para la Guerra]. Londres, Harrison & Sons. 133 págs.
1859. Notes on hospitals: being two papers read before the National Association for the Promotion of Social Science, at Liverpool, in October 1858. With the evidence given to the Royal Commissioners on the State of the Army in 1857 [Notas sobre los hospitales: compuestas por dos textos leídos ante la Asociación Nacional para la Promoción de la Ciencia Social, en Liverpool, octubre de 1858.]. Londres, John W. Parker & Sons. 108 págs.
1860a. Notes on nursing: what is and what is not [Notas sobre los cuidados de enfermería: lo que son y lo que no son]. Londres, Harrison. 70 págs.
1860b. Suggestions for thought for searchers after religious truth [Sugestiones para la reflexión destinadas a los que buscan la verdad en la religión]. 3 vols. Londres, Eyre & Spottiswoode. (Edición privada.)
1863a. How people may live and not die in India [Cómo las poblaciones pueden vivir en lugar de morir en la India]. Londres, Emily Faithfull. 11 págs.
1863b. Notes on hospitals [Notas sobre los hospitales]. Tercera edición. Londres, Longmans. 187 págs.
1863c. Sanitary statistics of native and colonial schools and hospitals [Estadísticas sanitarias de las escuelas y de los hospitales nacionales y coloniales]. Londres. 67 págs.
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La obra de Bishop y Goldie Bio-bibliography sigue siendo la mejor guía de los 200 libros, informes, artículos y opúsculos de Florence Nightingale. De las nuevas ediciones inglesas posteriores a la publicación de la Biobibliography, sólo citaremos a continuación las dos más importantes.
Bishop, W.J.; Goldie, S. 1962. A Bio-bibliography of Florence Nightingale [Biobibliografía de Florence Nightingale]. Londres, Dawson’s of Pall Mall.
Nightingale, F. 1991. Cassandra and other selections from suggestions for thought [Casandra y otras selecciones de sugerencias para la reflexión] (Edición preparada por M.A. Poovey). Londres, Pickering & Chatto.
Skretkowicz, V., edición 1992. Florence Nightingale´s notes on nursing [Notas de Florence Nightingale sobre los cuidados de enfermería]. (Revisado con apéndices). Londres, Scutari Press.

Obras sobre Florence Nightingale

Cook, E.T. 1913. The life of Florence Nightingale [La vida de Florence Nightingale]. 2 vols. Londres,
Macmillan.
O’Malley, I.B. 1930. Florence Nightingale, 1820-1856. Londres, Thornton Butterworth. 416 págs.
Woodham-Smith, C. 1992. Florence Nightingale. Londres, Constable.